AdminaAndra:)Din: Bucuresti
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AUTORA: MARCIA GRAD
Ésta era una princesa que, como en el clásico cuento de hadas, espera la llegada a su vida del Príncipe Azul para que la rescate.
Aquí es rescatada de sus enérgicos padres, el Rey y la Reina, porque desde pequeña recibió muchos regaños a causa de su forma "emotiva" de ser, algo que el "Código Real de Sentimientos y Conducta de Princesas" no le permitía.
Cuando conoció al Príncipe Azul, comprobó que llenaba todas sus expectativas: era apuesto, inteligente, y sobre todo simpático, ya que le gustaba el buen humor y relataba anécdotas que sacaban siempre en las personas unas sonrisas, por eso era llamado el "Doctor Risitas".
Y, como en el cuento, se casó con él. Sin embargo, al cabo de algunos años, y sin motivo aparente, el Príncipe se volvió mezquino, agresivo y malo.
Después se arrepentía de su actitud y le decía a la Princesa no volvería a ocurrir, pero a pesar de la promesa, no tardaba mucho tiempo en volver a ser cruel.
Entonces pensó la princesa que un espíritu maligno se había adueñado del Príncipe y lo hacía que actuara como si fuera otra persona; así que cuando el príncipe empezaba a comportarse en forma extraña, la princesa decía que el "Señor Escondido" se apoderaba de su querido "Doctor Risitas".
Cuando el Príncipe volvía a ser normal, ambos platicaban sobre lo sucedido y le pedía ayuda a la Princesa para que el "Señor Escondido" dejara de aparecer en sus vidas.
Pero, todo fue inútil, el príncipe seguía maltratando a la princesa, al grado que un día ella tuvo que recurrir a sus padres, el Rey la Reina. Llegó al palacio y después de platicarles el motivo de su visita, subió a la que era su recámara y contempló el horizonte… a lo lejos vio un árbol y un impulso la hizo ir allá.
Fue entonces que conoció a "El Doc Henry Herbert Hot", un búho especializado en problemas del amor, por lo que todos le decían el "Doctor del Corazón", al que consultó sobre su caso, obteniendo como solución sólo una: ir en busca de "La Verdad".
Al principio la princesa no quería dejar a su amado "Doctor Risitas", pero como ya era más común que, en vez de él, estuviera el "Señor Escondido", la princesa tomó la decisión y emprendió su viaje.
Fue en una tormenta que conoció al Delfín "Dolly" el que le enseñó a nadar en el "Mar de la Emoción" cuando estaba a punto de ahogarse.
Y en la "Tierra de la Ilusión" aprendió grandes lecciones del tallador de madera "Willie Borgoña", pues ahí la gente era feliz porque sólo tenía que ver lo que eligiese ver, no lo que en realidad había.
Todo lo contrario pasó cuando llegó al País de "Es", porque ahí las cosas… no son como quieres que sean… o crees que son… o que podrían ser… sino que son reales.
Ahí la princesa tuvo una gran sorpresa, porque al conocer al "Mago de Es", supo que era una bruja, quien la invitó a dar un paseo a "Un lugar llamado Memoria", en donde supo la verdad que tanto buscaba en una función de teatro, donde se representó su vida.
En el "Acto I", vio su infancia, en el "Acto II", observó el pasado de sus padres y entendió el porqué del rigorismo con que la educaron; el "Acto III" abarcó toda su vida y, en el "Acto IV", la infancia del Príncipe, donde supo que desde niño se apoyó en las bromas para ahuyentar su dolor, y viendo en escena las primeras manifestaciones del espíritu maligno, llegó a la conclusión de que el Doctor Risitas y el Señor Escondido, los dos, fueron el verdadero príncipe desde el principio.
Sin embargo, al final de la obra, en el "Acto V", en el que como marco apareció su príncipe azul, volvió a sentir la misma emoción que la primera vez al verlo, reviviendo todo el éxtasis, pero al recordar también toda la agonía del tiempo que pasó al lado del "Señor Escondido", fue cuando entendió por fin lo que había sucedió y porqué y aunque sintió un gran alivio al descubrirlo, no pudo evitar el dolor, la ira, la pena y el vacío de no tenerlo a su lado, diciendo:
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A la vez que comprendió nunca podría volver con su amado, vislumbró otras posibilidades de seguir su vida; supo que en los cuentos de hadas de la vida real, la felicidad surge del interior de nosotros mismos, y no de tener un príncipe.
Y prosiguió su camino, en la aventura del aprendizaje, porque siempre hay nuevos caminos que recorrer…
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